Te enseñó


A él le gusta oír tu voz, pero no le gusta verte llorar. Le gusta tu dulce voz, pero le molesta que grites en la desesperación. Cuando coloca sus brazos alrededor de ti, el respirar se hace eterno y el perfume asfixiante. Las acciones inconclusas, a mitad de camino como cuando esperabas que cayera la lluvia y jamás inundó el corazón. Uno, dos, tres tienes la magia dentro de ti, como aquel día en que deseaba perderse en tu mirada y volteaste el rostro. El sol bajaba y la luna se posicionaba. Cada estrella brillaba de una manera particular, una a una se convertía en una partitura que hacía sonar algo en tu interior. Querías observar el rostro pero el teclado del alma no te permitía interrumpir lo que ya había comenzado. Las respuestas simples dolían, las miradas cómplices también. En fin, las respuestas que te daban generaban una cortina de preguntas. Omitir las reglas ya era parte de corolario.
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