Infinitos


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Decidiste, pequeña ciencia inexplicable, surcar un campo inexplorado. Ya tenía suficiente con mirar pasar la nada sin explicación, mirarte pasar errante ante la realidad. Pero bajo una música estruendosa te vi llegar nuevamente. Nunca pedí la absurda aceleración del pulso ni que el cuerpo temblara como al pegar un hielo en la espalda por mucho tiempo. Miradas encontradas en sueños robados desde el colegio, como niños. Si las confesiones mataran seguramente la historia habría tenido fin. Yo, en cambio, deseaba hacerte infinito.



En el fondo sabía que podíamos danzar como las llamas y no ser apagados nunca. Quería perderme en aquella mirada dudosa, nostálgica y desafiante. Con sonrisas de media luna que su lengua teñía de rojo intentaba decirme que deseaba más que morderse el labio inferior. Quería entonces mostrarle que aquel beso podía durar más de lo que años luz habíamos sido. Se fue convirtiendo, como hilos tejidos, en una nueva historia fuertemente atractiva. Adiós momentos dolorosos y tristes en los que la duda se posaba como mariposa. Al colocar su mano en mi cintura comprendí que quería mirarlo cada mañana como veo salir el sol y besarlo cada noche al ver la luna posicionarse en algún balcón. Dancemos alrededor del cuarto como si el mañana jamás fuera a llegar. Nunca antes podía verme sonreír mientras cada cabello coloca detrás de la oreja, creando espacio para un beso que queme los labios, que deje una huella en lugar de una cicatriz. Sus dedos de uno en uno rozan las mejillas, se pasean por una piel la cual quema con el contacto.

​De cada segundo su rostro frente al mío me transporta un momento a la oscuridad y aún allí puedo reconstruir cada facción como si fuera un mismo mirar, un mismo sentir. Entonces su mirar y el mío se mezclan como por arte de magia, como una conexión enigmática. Las mariposas existentes en cuentos salvajes se quedaron en esas páginas. Por suerte, nunca aparecieron. Porque un beso era más que animales en el estómago. Sonreí entre sus labios y la conexión cada vez era mayor. Me convertía en paciencia pero sabía que su piel vibraba bajo mi tacto y viceversa. Aún, en el pensamiento disperso, sus manos en mi nuca suavemente se aferraban bordeando mi cuello a sabiendas que deseaban explorar un campo jamás surcado. Fuimos creando páginas invisibles,besos fugaces, miradas robadas, sonrisas estruendosas, sentimientos mutuos y pensamientos conectados que forman un nuevo libro real donde hay un principio pero no un fin por ser infinito
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